Santiago Mazarrasa, filósofo santanderino de 38 años, ha consolidado su transición hacia la narrativa con el lanzamiento de su tercera novela, ‘Casilla Vacía’ (2026). Tras una etapa marcada por la ‘náusea espiritual’ y crisis de pánico mientras trabajaba como cocinero en Berlín, el autor regresa a sus raíces en el Cantábrico para explorar las fisuras del lenguaje y la realidad. En esta obra, Mazarrasa utiliza su formación en Pensamiento Contemporáneo para abordar el vacío existencial de una generación que, a diferencia de sus progenitores, convive con una sensación de fracaso estructural y la ruptura de las promesas de progreso.
El relato, que comienza con la desaparición de un amigo tras una jornada de pesca, sirve como vehículo para analizar los procesos de vaciamiento de expectativas que definen al millennial actual. Mazarrasa sostiene que su generación carece de las herramientas necesarias para construir nuevas aspiraciones en un mundo donde el trabajo se percibe como un espacio aspiracional fallido. Para el escritor, la filosofía no ha sido una fuente de respuestas definitivas, sino un método para formular preguntas más precisas que le han permitido ‘tirar hacia adelante’ y reconciliarse con su presente.
Con obras previas como ‘El aspirante’ y ‘Caníbal sin dientes’, el santanderino se posiciona como una voz lúcida sobre el desencanto contemporáneo. En ‘Casilla Vacía’, el autor reflexiona sobre la necesidad de emigrar y el posterior retorno al origen, destacando cómo las fallas del lenguaje terminan convirtiéndose en las grietas de la propia vida. Actualmente, Mazarrasa compagina su labor literaria con un empleo de oficina, encontrando en la estabilidad una grata sorpresa frente a los tormentos existenciales que marcaron su juventud.