Cuando un perro pierde a su dueño o a un compañero de juegos, su realidad se quiebra no por una comprensión intelectual de la muerte, sino por la desaparición de las rutinas que daban sentido a su seguridad. María Pifarré Valero, veterinaria experta en acompañamiento al final de la vida y autora de ‘Más allá del adiós’, explica que los animales experimentan el duelo como una ruptura de expectativas: el paseo que ya no ocurre o la puerta que no se abre. Para un can, la pérdida de su humano de referencia es similar a quedarse sin el mapa que guiaba su existencia, lo que puede llevarlo a buscar incansablemente a la persona fallecida durante días en sus rincones habituales.
El proceso de duelo animal se manifiesta de forma única en cada individuo, alterando sus hábitos más cotidianos. Según Pifarré, quien dirige el Experto Universitario en Duelo Animal, las señales de alerta incluyen la apatía extrema, el rechazo a la comida o una dependencia inusual hacia los miembros restantes de la familia. No hay un calendario fijo para esta transición; mientras algunos animales se adaptan en semanas, otros requieren meses para asimilar que la secuencia de su vida ha cambiado para siempre. La experta subraya que la clave no es forzar al animal a ‘distraerse’, sino permitirle procesar la ausencia en un entorno que siga siendo reconocible.
Para ayudar a una mascota en esta etapa, la profesional recomienda mantener estrictamente las rutinas de alimentación y descanso, evitando cambios bruscos como la llegada precipitada de un nuevo animal. El objetivo principal es que el entorno sea previsible para reducir la ansiedad. Sin embargo, si la tristeza compromete el bienestar físico o se traduce en conductas destructivas, es fundamental acudir a un especialista. En palabras de Pifarré, acompañar bien en el duelo animal consiste en ofrecer una presencia tranquila y entender que, al igual que los humanos, los perros necesitan tiempo para reconstruir su normalidad tras la pérdida de un vínculo profundo.