Iñaxi Lasa es el vivo ejemplo de que la edad es solo un número cuando hay determinación. A sus 103 años, esta vecina de Beasáin (Guipúzcoa) se ha convertido en un fenómeno viral tras cambiar las consultas médicas por sesiones diarias de entrenamiento de fuerza. Aunque dedicó toda su vida al duro trabajo en el campo, fue a los 93 años cuando decidió pisar un gimnasio por primera vez. Hoy, acompañada por su hijo Iñaki, entrena dos horas cada mañana realizando remo, elíptica y pesas, logrando lo que muchos consideran un éxito biológico: vivir sin dolores crónicos y haber reducido sus visitas al doctor al mínimo.

Su vitalidad no solo impresiona en su entorno, sino que ha conquistado el mundo digital con más de 113.000 seguidores en TikTok. Iñaxi comparte una rutina que incluye hasta 7.000 pasos diarios por los senderos vascos y una disciplina de hierro que mantiene incluso los fines de semana. Su historial clínico es prueba de su resiliencia; ha superado un cáncer de mama, dos fracturas de cadera, artrosis y un ingreso por COVID-19 a los 98 años. Sin embargo, ella atribuye su bienestar actual a la actividad física constante, asegurando que el ejercicio ha sido su gran salvación para mantener el buen humor y la autonomía.

El secreto de su longevidad también reside en una conexión profunda con su tierra y una dieta equilibrada de productos de proximidad. Prioriza las frutas de temporada, legumbres, verduras de su propia huerta y nueces locales, evitando las harinas procesadas y el café. Pese a los desafíos de la edad, como la pérdida de visión, mantiene una filosofía de vida activa y un mensaje claro para quienes la observan: caminar mucho, cuidarse y no temerle al entrenamiento de fuerza, demostrando que la vejez puede ser una etapa de plenitud si se elige el camino del movimiento.

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