Tras décadas de custodia en una buhardilla de París, el misterioso óleo de Adolphe d’Hastrel que vincula a José de San Martín con una joven desconocida ha llegado finalmente a Buenos Aires. La obra, donada por el psicoanalista Horacio Amigorena, sugiere una dimensión íntima y poco explorada del Libertador, revelando un posible ‘rapport de boudoir’ que desafía la imagen impoluta del prócer. A sus 90 años y tras seis décadas de exilio, Amigorena superó un agotador laberinto burocrático para entregar este tesoro al patrimonio nacional, un gesto que describe como un reencuentro de destinos entre él y el general en tierras francesas.
La repatriación fue posible gracias a la intervención del canciller Pablo Quirno y el embajador Ian Sielecki, quienes destrabaron años de indiferencia oficial para trasladar el lienzo desde la embajada en Francia hasta su destino final. El cuadro no solo destaca por su valor estético, sino por la red de conexiones históricas que involucra al artista d’Hastrel y al periodista Florencio Varela, amigo común de los protagonistas. Durante su estancia en la sede diplomática parisina, la pieza despertó una inusual fascinación entre expertos y visitantes antes de emprender su viaje definitivo hacia el Palacio Errázuriz.
Actualmente, el Museo Nacional de Arte Decorativo exhibe la obra en su antecámara principal mientras se completa la restauración de su ubicación definitiva: el dormitorio de Josefina de Alvear. El director del museo, Hugo Pontoriero, lidera una investigación sobre la materialidad y el origen documental de la pieza en colaboración con archivos históricos locales. Este legado no solo enriquece el acervo cultural del país, sino que aguarda una ceremonia de unión nacional que celebre el regreso de esta pieza y honre la persistencia de un donante que, a pesar de las heridas del proceso, cumplió su promesa con la historia argentina.