Mientras las principales figuras del kirchnerismo, desde Cristina Kirchner hasta Axel Kicillof, mantuvieron un llamativo silencio frente al tercer aniversario del ataque de Hamas a Israel, la escena política argentina se ha visto absorbida por una dinámica de confrontación digital sin precedentes. Alejandro Borensztein analiza este contraste, donde el olvido de tragedias globales convive con una agenda local marcada por la hostilidad verbal sistemática desde el Poder Ejecutivo. El presidente Javier Milei ha convertido sus redes sociales en un ring donde el insulto escatológico y la descalificación personal parecen ser la principal herramienta de comunicación institucional.
En lo que se ha denominado irónicamente como el ‘Campeonato Nacional de Mandriles’, el mandatario despliega una agresividad que redefine la relación prensa-estado. Luis Novaresio lidera actualmente el ranking de agravios con 27 ataques en una semana, recibiendo apodos denigrantes que el presidente promueve activamente. Esta ‘fase eliminatoria’ de insultos también ha alcanzado con fuerza a María O’Donnell, quien acumula menciones peyorativas por parte del jefe de Estado, transformando el debate de ideas en una competencia de ataques personales que el autor califica como una forma de barbarie moderna.
El análisis pone el foco en figuras de peso como Carlos Pagni, Marcelo Bonelli y Jorge Fontevecchia, quienes también forman parte de este particular fixture de la intolerancia. Mientras Pagni proyecta su avance en el torneo mediante investigaciones que incomodan al poder, otros periodistas como Maru Duffard y Silvia Mercado enfrentan ráfagas de hostigamiento que rozan la obsesión. El texto concluye que, más allá de la efectividad económica o el control de la calle, el actual gobierno será recordado por el entusiasmo de su líder en el ejercicio del agravio, dejando al ciudadano ante la difícil elección entre la furia libertaria y una oposición que evita condenar el terrorismo internacional.