La comunidad internacional ha reaccionado con firmeza ante el sangriento ataque perpetrado por los rebeldes hutíes, respaldados por Irán, contra el aeropuerto de Riad. El secretario general de la ONU, António Guterres, se declaró «profundamente conmocionado» por la agresión, que dejó un trágico saldo de 12 fallecidos y más de 300 heridos, calificando el acto como una flagrante violación del derecho internacional que debe cesar de inmediato para evitar una catástrofe mayor.
Desde Bruselas, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, advirtió que esta «escalada peligrosa» no solo desestabiliza la región, sino que genera ondas de choque en el transporte mundial y el suministro energético. A estas voces se sumaron los gobiernos del Reino Unido y Alemania; mientras Londres tildó el ataque de «despreciable», Berlín lo describió directamente como un «acto terrorista» contra la aviación civil, al tiempo que Irak instó a proteger las infraestructuras críticas ante la amenaza de una guerra regional.
Este recrudecimiento de las hostilidades ocurre tras el fin de la tregua de cuatro años mediada por Naciones Unidas el pasado julio. El conflicto en Yemen se ha intensificado nuevamente con ofensivas terrestres de las fuerzas gubernamentales apoyadas por Arabia Saudita cerca del estratégico estrecho de Bab el Mandeb, evidenciando un escenario de confrontación abierta que amenaza con arrastrar a toda la región hacia una espiral de violencia incontrolable.