La estructura empresarial de Argentina atraviesa una contracción histórica que ya se extiende por 18 meses consecutivos. Según datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), desde el inicio del mandato de Javier Milei se han dado de baja 32.290 unidades empleadoras, lo que equivale a una caída del 6,3% del total nacional. Con solo 480.067 firmas activas al cierre de julio, el país ha retrocedido a niveles de capilaridad empresarial que no se veían desde julio de 2007, marcando un hito negativo en las últimas dos décadas.
La velocidad de este proceso erosivo supera incluso el impacto sufrido durante la pandemia de Covid-19. Mientras que en la crisis sanitaria la pérdida fue de 21.405 firmas, el ritmo actual ha destruido 15.475 empleadores tan solo en el último año. Guido Zack, director de Economía de Fundar, señaló que factores como la apreciación cambiaria en dólares, la elevada presión tributaria y el encarecimiento de la logística —profundizado por la parálisis de la obra pública— han generado un escenario de asfixia para compañías que, aun siendo productivas, no logran sostener su operación.
Este fenómeno tiene un correlato directo en la destrucción del empleo registrado, con la pérdida de 121.000 puestos de trabajo en el sector privado durante el último año. Si bien la SRT matiza que algunas bajas pueden obedecer a reorganizaciones societarias o cambios de CUIT, los indicadores macroeconómicos refuerzan la tendencia crítica: el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) mostró una caída mensual del 2,9% en julio. Ante este panorama, organismos internacionales como el Banco Mundial ya han recortado sus previsiones de crecimiento para los próximos años, reflejando un escenario de recuperación más lento de lo esperado.