A seis meses del trágico fallecimiento de Alejandro Zalazar y el destape de una red de sustracción de anestésicos, Chantal “Tati” Leclercq, una de las médicas implicadas, utilizó sus redes sociales para realizar un extenso descargo. La anestesióloga describió el colapso de su realidad personal, relatando cómo su vida pasó de los quirófanos a un laberinto de expedientes judiciales, psicólogos y psiquiatras. En un tono reflexivo y crítico, cuestionó la estigmatización pública que sufrió tras el inicio de la causa: ‘Estudié años para mantener a otro ser humano de este lado de la vida, pero de pronto, la peligrosa era yo’, sentenció en un texto que luego restringió al ámbito privado.
Actualmente, Leclercq se encuentra bajo la lupa judicial por la presunta desaparición de fármacos en el Hospital Rivadavia, además de actuar como testigo clave en el procesamiento de sus colegas Delfina “Fini” Lanusse y Hernán Boveri, acusados por el robo de propofol y fentanilo en el Hospital Italiano. El caso cobró relevancia nacional en febrero pasado, cuando el hallazgo del cuerpo de Zalazar en su departamento de Palermo reveló una trama de consumo recreativo de insumos hospitalarios, cuya trazabilidad condujo a los investigadores, liderados por el fiscal Eduardo Cubría, directamente hacia los centros de salud donde operaban los profesionales.
En su testimonio previo ante las autoridades de la Asociación de Anestesia (AAARBA), Leclercq había admitido haber consumido diversas sustancias controladas fuera del horario laboral, reconociendo un consumo problemático que habría compartido con Zalazar. Mientras la justicia unifica expedientes y avanza en la identificación de responsabilidades penales por la sustracción de medicamentos, la joven anestesióloga intenta reconstruir su identidad lejos del relato mediático, refugiándose en la filosofía budista y el yoga tras lo que define como el momento más oscuro de su carrera profesional.