La historia de la Unió Deportiva Betulónia de Badalona es un testimonio de cómo el deporte forja vínculos indestructibles. Tras seis décadas de caminos separados, los integrantes de este equipo juvenil de los años 60 han vuelto a reunirse. El club, que se disolvió abruptamente cuando los jugadores apenas cumplían 18 años debido a conflictos con la directiva, dejó una huella que el tiempo no logró borrar. A pesar de residir en la misma localidad, la vida los distanció hasta que el confinamiento de 2020 despertó la nostalgia en uno de sus capitanes, Antoni Navarro, quien al revisar fotografías antiguas decidió que era momento de recuperar a sus antiguos camaradas.
La búsqueda fue una labor de rastreo casi detectivesca que unió los puntos a través de internet y la casualidad. Gracias a que uno de los exjugadores regentaba una óptica en la zona y conservaba los contactos de varios compañeros, el grupo de WhatsApp del Betulónia comenzó a llenarse de nombres familiares como Enric, Julio, Mateo, Mondejar y el resto de la alineación histórica. En 2022, el sueño se hizo realidad con una comida que contó incluso con la presencia de su antiguo entrenador, Carmona, quien a sus 93 años celebró con humor el reencuentro de aquellos adolescentes que hoy, peinando canas, bromean sobre su parecido con sus propios padres.
Los encuentros se han institucionalizado ahora con dos citas anuales donde las anécdotas fluyen entre brasas y recuerdos. Desde la inauguración del campo de la Unió Deportiva de Llefià hasta su curiosa relación con una empresa de autocares local, a la que consideran haber dado ‘suerte’ tras ser sus primeros clientes, los veteranos mantienen viva la esencia de su juventud. Jugadores como Nando, Liñan, Paquito, Martin y Ponsirenas, junto a los demás integrantes del equipo, han jurado no volver a perderse la pista, demostrando que el pitido final de su carrera deportiva fue solo el comienzo de una amistad inmarcesible.