La familia de Julián Curo Churata, un ciudadano peruano de 47 años que residía en Estados Unidos desde hace casi dos décadas, exige respuestas tras su inesperado fallecimiento bajo la custodia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Su esposa, Verónica Ramírez, confirmó que el deceso ocurrió el pasado 29 de septiembre en un hospital de Luisiana, luego de que Curo fuera trasladado desde el Centro Correccional de Richwood. La mujer sostiene que su marido era una persona sana y que, hasta el momento de su detención, se desempeñaba como trabajador de la construcción con un permiso laboral vigente y un proceso de regulación migratoria en curso.

El calvario de la familia comenzó el 27 de junio, cuando Curo fue arrestado en Baltimore durante un operativo de la división de Operaciones de Ejecución y Remoción (ERO). A pesar de vivir en Maryland, fue trasladado a un centro de detención en Luisiana, a más de 1.700 kilómetros de su hogar. Según el relato de Ramírez, el arresto se produjo sin motivos claros mientras él se dirigía a su trabajo. Las autoridades estadounidenses solo han informado que el hombre manifestó sentirse mal un día antes de morir, pero no han proporcionado una causa específica, dejando el caso en un limbo administrativo a la espera de los resultados de la autopsia.

Por su parte, el ICE emitió un comunicado oficial el 1 de octubre confirmando el fallecimiento por causas desconocidas. En el reporte, la agencia mencionó antecedentes menores, como la conducción con un registro vehicular expirado y una sentencia civil en Maryland, detalles que para la familia no justifican la opacidad que rodea su muerte. En medio del duelo, los allegados de Curo han iniciado una campaña de recaudación de fondos para costear el funeral y exigen que los hechos sean esclarecidos con transparencia, calificando el suceso como un caso sin resolver que requiere atención internacional.

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