Tras meses de una poda presupuestaria implacable, el Gobierno Nacional decidió apagar momentáneamente la ‘motosierra’ durante septiembre. Según un relevamiento de la consultora Analytica basado en datos oficiales, el gasto primario experimentó un incremento real del 4,6%, rompiendo con la tendencia de fuertes caídas registradas en julio y agosto. Este giro estratégico fue posible gracias a un alivio en los ingresos fiscales, impulsado principalmente por el impuesto a las Ganancias, lo que compensó la debilidad en la recaudación del IVA.
El incremento no fue uniforme, sino que se concentró en áreas sensibles. Las jubilaciones y pensiones, tanto contributivas como no contributivas, recibieron un refuerzo conjunto de 600.000 millones de pesos. Asimismo, el rubro de bienes y servicios saltó un 37%, traccionado por la adquisición de vacunas y una reestructuración en el sistema de compra directa de medicamentos para beneficiarios de pensiones no contributivas, bajo la órbita de la Agencia Nacional de Discapacidad.
Pese a este paréntesis expansivo, el ajuste fiscal sigue marcando el pulso de la gestión de Luis Caputo. Sectores críticos como la obra pública sufrieron un desplome del 27,1%, seguidos por las transferencias a provincias y los subsidios económicos. Con una caída acumulada del gasto del 3% en lo que va del año, entidades como la Fundación Mediterránea comienzan a cuestionar si la economía ha entrado en una fase de ‘sobreajuste’ que podría condicionar la recuperación de la actividad y la inversión extranjera.
