La inminencia del verano 2026-2027 en Argentina ha encendido las alarmas sanitarias ante la consolidación del fenómeno de El Niño, cuyas lluvias y temperaturas extremas podrían disparar la población del mosquito Aedes aegypti. Si bien las proyecciones en la Cuenca del Plata y el AMBA sugieren un escenario crítico, especialistas como el infectólogo Tomás Orduna subrayan que el resultado final es incierto: las precipitaciones extraordinarias tienen la capacidad ambivalente de crear nuevos focos o, por el contrario, lavar los criaderos existentes. Ante esta volatilidad climática, la prevención se posiciona como la única variable bajo control humano para evitar un brote similar al de temporadas pasadas.
En materia de inmunización, el panorama actual revela luces y sombras. Aunque se han administrado aproximadamente dos millones de dosis, el infectólogo Pablo Bonvehí destaca que una porción significativa de la población —estimada en un 20% por centros como Vacunar— no ha completado el esquema de dos dosis necesario para una protección eficaz. Con una cobertura total que difícilmente alcanza al millón de personas y el costo del esquema privado rondando los $300.000, la barrera económica y la falta de adherencia al segundo refuerzo complican la estrategia de salud pública frente a un virus que mantiene una circulación activa en toda la región.
Finalmente, las autoridades insisten en que la vacuna es un complemento fundamental, pero no un sustituto de la erradicación del vector en el hogar. La clave de la temporada radicará en el descacharrado intensivo y la vigilancia epidemiológica para detectar casos importados antes de que se establezca la transmisión local. Sin una acción coordinada entre el Estado y la ciudadanía para eliminar recipientes de agua estancada en patios y jardines, el riesgo de una nueva epidemia se mantiene latente, desafiando la relativa calma sanitaria que caracterizó a los últimos dos períodos estivales en el país.