El Gobierno de Israel ha manifestado una profunda indignación tras la concesión del Premio Nobel de la Paz a la jueza sudafricana Navanethem Pillay. El primer ministro, Benjamín Netanyahu, calificó la decisión como un error histórico, asegurando que el Comité Nobel ha perdido su sentido ético al honrar a una figura que ha liderado duras críticas internacionales contra las operaciones militares en la Franja de Gaza.

A través de un comunicado oficial difundido en redes sociales, la Oficina del Primer Ministro describió a Pillay como una «intolerante» que ha dedicado su carrera a propagar «calumnias sangrientas» contra el Estado de Israel. Para Netanyahu, la elección de la jurista representa una parodia de la justicia y una validación de discursos que fomentan la demonización del pueblo judío en el escenario global.

La controversia tiene su origen en los informes emitidos por Pillay, en los cuales ha llegado a calificar la ofensiva israelí como un «genocidio». Esta postura ha generado una brecha insalvable entre el organismo noruego y la administración israelí, que ve en este galardón un mensaje político cargado de hostilidad en un momento de máxima tensión regional. La noticia, que continúa en desarrollo, marca un nuevo punto de fricción en las relaciones diplomáticas de Israel con los organismos internacionales.

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